No es igual ser mujer que ser hombre, ni lo es tener hijos o no tenerlos; ser joven o anciano; madre que padre; estar casado que no estarlo, y podríamos continuar poniendo ejemplos, que ratificarían la afirmación de que todos somos y vivimos de manera diferente. Esta es la riqueza de la sociedad, cada persona es única, somos un «modelo exclusivo», con nuestras fortalezas y también con nuestras debilidades y limitaciones, que podemos compensar con las capacidades y fortalezas de los otros, porque entre todos nos complementamos y enriquecemos.

Por ello resulta necesario abordar las desigualdades, no desde el enfrentamiento entre «igualdad-desigualdad», que son términos excluyentes, sino como «igualdad-diferencia», que son términos compatibles: somos a la vez iguales y diferentes.

Un estudio de la Unidad de Investigación de Acción Familiar con el título ¿Existe penalización por maternidad? Mujeres y mercado laboral en España desde una perspectiva de familia muestra algunas de estas diferencias y desigualdades que se manifiestan, por ejemplo, en el hecho de que nacen más hombres que mujeres, o que la esperanza de vida en el momento del nacimiento en ellas está 5,5 años por encima de la de los hombres; y las tasas de mortalidad, también son diferentes, 1,4 años más en el caso de los hombres y lo mismo ocurre en la mortalidad infantil, casi un punto más elevada entre ellos. Y podríamos continuar poniendo ejemplos que muestran diferencias significativas entre hombres y mujeres, unas favorables para ellos y otras para ellas.

Pero el estudio también señala que algunas de estas desigualdades pueden y deben ser eliminadas, especialmente cuando tienen su origen en ciertos comportamientos que perjudican gravemente a las personas que los padecen porque tienen origen en discriminaciones originadas por el simple hecho de ser hombre o ser mujer —más frecuentes en este segundo caso— y se centra especialmente en la maternidad como variable explicativa de algunas de estas diferencias.

A través de un análisis empírico sólido y riguroso, utilizando los datos de la Agencia Tributaria y de la Muestra Continua de Vida Laboral, detecta importantes diferencias, no sólo entre hombres y mujeres, sino entre mujeres, demostrando que éstas, cuando tienen hijos, presentan mayores desventajas en el mercado laboral que las que no los tienen. Es decir, deja patente que las mujeres españolas sufren una «penalización por maternidad» que se traduce tanto en un comportamiento diferenciado en sus incrementos salariales —menores aumentos salariales en el caso de las madres— como en una mayor probabilidad de que éstas entren en desempleo.

Es decir, las mujeres españolas se enfrentan a una doble discriminación, por el hecho de ser mujer y también por el hecho de ser madre. Una sociedad desarrollada, que tiene entre sus objetivos prioritarios el logro de la igualdad entre hombres y mujeres, debe conocer esta realidad y reconocer la necesidad de proteger ciertas diferencias o más bien desigualdades, que tienen su origen en la maternidad. Proteger las diferencias que tienen su origen en la maternidad es un reto para las políticas de igualdad, especialmente las desarrolladas desde el ámbito público, y también para toda la sociedad en general para el siglo XXI.

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