El tiempo vuela y antes de que los padres se den cuenta, sus hijos dejarán de jugar. Su prioridad será otra. Ya no irán de la mano de su peluche favorito, ni pedirán que les lean un cuento antes para dormir. Antes de que todo eso ocurra, los adultos tienen la «misión» de pasar tiempo con los niños, de jugar con ellos, aunque solo sean 15 minutos diarios. «Eso es mucho más que intentar recuperar el tiempo perdido los fines de semana», afirma la psicóloga Alicia Banderas.

Más del 70% de los padres creen que es importante jugar con los pequeños, pero la falta de tiempo se sitúa como la principal excusa. Así se desprende del estudio #JuegaconEllos, realizado por Famosa, en el que los progenitores aseguran, también, que divertirse con los hijos es un «planazo».

“El juego es una parte vital para los niños, para su desarrollo, sus capacidades, para socializarse… Además, a ello se le suman los beneficios que ofrece esta practica para los padres», insiste Banderas. Más del 40 por ciento de los encuestados -todos padres-, consideran que entretenerse con sus hijos les ayuda a conocerse tanto a sí mismos como a los pequeños. También otro 42% afirman que afloran sentimientos positivos cuando juegan en familia.

La imaginación y creatividad de los niños permite que no haya reglas, ni una forma determinada de jugar. Pueden existir hasta mil maneras distintas de jugar. «Los menores siempre van a basarse en algo bueno y malo, por ejemplo, ladrón y policía. Es muy importante que los padres sepan introducirse en el lenguaje de los niños, imitar los ruidos u onomatopeyas», subraya esta especialista.

La importancia del juego
La paciencia es un punto clave a la hora de divertirse con los niños. No debe perderse en ningún momento, ya que puede teñir de oscuro el momento de entretenimiento familiar. «A veces, mediante el juego, salen a la luz problemas que los pequeños tienen, como que les pegan en el colegio o que le quitan el material escolar. Jugar, muchas veces, es un buen mecanismo para que los hijos hablen», afirma Banderas.

A través de la diversión, los menores tienen contacto con la alimentación, con el dinero físico (aunque de mentira) cuando se creen que son cajeros en un supermercado o similar. «A partir de juegos así, los adultos pueden saber por qué no les gusta un determinado alimento», subraya.

También pasa cuando no quieren compartir sus juguetes. «Es algo normal y no se debe insistir en lo contrario. Hay que respetar su espacio», concluye esta psicóloga.

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