«¿Cuántos años crees que tengo?» puede ser una de las preguntas más aterradoras a nivel social, llevando a situaciones incómodas e incluso enfados por no acertar con la edad correcta. Pero puede significar también un error crítico en investigaciones criminales o a la hora de, por ejemplo, dejar pasar a un menor en una casa de apuestas o casino sin tener la edad legal. Por ello, los investigadores continúan estudiando acerca de cómo funciona este mecanismo de reconocimiento en nuestra mente, cuál es el margen de error y qué influye para que digamos una edad u otra.

Un reciente artículo de la Universidad de Nueva Gales del Sur (en Sidney, Australia) publicado en la revista «Royal Society Open Science» apunta que las predicciones de edad, por lo general, yerran en una media de ocho años. Además, el estudio concluye que nuestra percepción está influida por dos cuestiones: la caras que hemos
visto anteriormente; y la tendencia a señalar más edad de la real a los rostros jóvenes y menos años para las caras de gente más mayor.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores llevaron a cabo el siguiente experimento: recolectaron 3.968 fotografías de pasaportes australianos, 31 hombres y 31 mujeres de cada año, desde los 7 a los 70. Después mostraron a 81 voluntarios secuencias aleatorias de rostros, de los que tenían que indicar su edad. Además, en ciertas caras pixelaron la imagen, para dificultar el reconocimiento de edad de las mismas.

Los jóvenes, más viejos, y viceversa
Así es como observaron que de forma repetitiva los voluntarios señalaban con más edad de la que tenían a los rostros jóvenes, al contrario de lo que ocurría con las caras de personas más mayores, a las que solían echar menos edad. «En general, se sobrestimó la edad de los rostros jóvenes y se subestimó la edad de los rostros mayores. Este resultado va en la línea de trabajos anteriores que muestran que la estimación de la edad de las caras está sesgada hacia la edad media», señalan en el estudio.

Aparte, los resultados también cambiaban en función de las caras que habían visto anteriormente: si acababan de ver una cara joven, por lo general reducían la edad de la siguiente cara, y al contrario.

La intención de los investigadores es que estas premisas ayuden a quien en su trabajo tiene que reconocer caras, como los agentes de seguridad, para tener en cuenta estos sesgos mentales, así como aplicar pausas más largas en tandas sucesivas de reconocimientos para eliminar el efecto de influencia que se crea después de mirar varias caras seguidas.

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