Benito Zuazu acaba de ser nombrado presidente de la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN). Vive en Alicante y trabaja en el Instituto Geográfico Nacional. Está casado y, como no podía ser de otra manera, tiene familia numerosa: «Cuatro hijos y una princesa, porque la reina de la casa sigue siendo mi mujer», asegura entre risas.

¿Cuáles son sus prioridades al frente de la FENN?

Pretendo hacer una labor de continuación al trabajo que ha hecho mi antecesora, Eva Holgado, y, además, centrarme en dos aspectos fundamentales. Por un lado, aumentar el número de asociados, puesto que existen una media de 609.000 familias con el título de familia numerosa, pero solo contamos en nuestra federación con 48.000 inscritos.

¿A qué se debe este baile de cifras?

–El problema es que no nos conocen, y no culpo a las familia, porque bastante tienen con llegar al final del día con todo lo que supone ocuparse de la casa, los hijos, el trabajo… Pero, eso sí, cuando obtienen información nuestra siempre se asocian. Todo eso lo consiguen por un coste de 30 euros anuales.

¿Cuáles son las principales ventajas para las familias pertenecientes a la federación?

–Muchas. La FEFN es, en primer lugar, informativa y reivindicativa. Nuestros responsables hablan con ayuntamientos, comunidades autónomas y logramos beneficios y descuentos sobre el Ibi, las tarifas del agua, entradas para museos, polideportivos… Es posible porque somos un grupo numeroso y, haciendo piña, es más fácil que las organizaciones públicas nos reciban, nos escuchen y, en definitiva, nos hagan caso. Del mismo modo, nos presentamos también ante la empresa privada y hemos sacado adelante proyectos como el Plan Más Familia, y logrado descuentos importantes por la compra de diferentes productos, como algunas marcas de coches.

Por último, también desarrollamos una importante labor de asesoramiento para facilitar la realización de cualquier tipo de trámites o solicitudes, como puede ser el bono social.

¿En qué asunto va a focalizar sus esfuerzos más inmediatos?

–En que las familias numerosas, pero también aquellas que tengan aunque sea solo un hijo, estén reconocidas en España, tanto por instituciones públicas como privadas. No pedimos dinero al Estado. Es un error pensar así. Las subvenciones como las del IRPF son medidas que merecen mucho la pena por ser apoyos directos a las familias, independientemente del número de hijos que tengan. El Gobierno debe apoyar a las familias tengan 1 o 7 hijos porque son el futuro de la sociedad. Además, hay que dar mucho más valor a las mujeres y lograr que no sean penalizadas en el mundo empresarial por ser madres. La maternidad debe ser apoyada, no con medidas caritativas, sino con leyes. Tener hijos nunca puede ser un problema para una mujer, ni para su futuro profesional, ni para su vida familiar ni personal.

¿Cree que el Gobierno de Sánchez estará en la línea de sus peticiones?

–Hemos solicitado ya una cita con el presidente y la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para explicarles nuestras peticiones. Espero que este Gobierno sea sensible a nuestras demandas porque lo necesitan todas las familias de nuestro país y porque urge que nazcan más niños. Muchos países europeos ya cuentan con medidas, incluso hasta con un ministerio de familia, y aquí no se está apostando de forma eficaz. Pero insisto, no queremos caridad, sí políticas familiares. Espero que el Gobierno sea receptivo.

¿De qué manera considera que se puede incrementar la natalidad?

–Primero habría que facilitar el acceso a un mundo laboral más estable para que juventud quisiera formar una familia ante una situación económica estable. Hay muchos sueldos que no son suficientes para este planteamiento. Además, los que se atreven a dar el paso lo hacen a medias porque muchas mujeres desean tener tres hijos, pero solo tienen uno porque no pueden mantener más ni tienen posibilidades de atenderles por faltas de medidas de conciliación. Aun así, las nuevas generaciones viven su presente de tal forma que quieren todo de forma inmediata, al minuto, y hay que enseñarles el valor de la renuncia, que es el mejor legado que se puede dar a los hijos.

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