En busca del selfie perfecto, de la imagen más divertida… En verano aumentan los ratos de ocio y con ellos, las fotos que se comparten en redes sociales de una forma exponencial. Pero a muchos jóvenes se les va de las manos: más de la mitad de los chicos mayores de 16 años presenta una dependencia del móvil, según advierte Valle Molinero desde el gabinete de psicólogos Nascia. «Por cada foto que publican, tienen miles de refuerzos positivos inmediatos en forma de “me gusta” (Likes), corazones, retuits… o lo que utilice la red correspondiente, que hace que cada vez sea mayor el enganche. Muchos llegan a repetir la foto para obtener más likes», añade. De hecho, tal y como esta experta observa en consulta, los chicos de este grupo de edad sienten la necesidad de estar permanentemente comunicados con sus amistades, y convierten el móvil en una herramienta indispensable que han de llevar siempre encima.

Predicar con el ejemplo
Es un círculo vicioso «difícil de romper, porque el mecanismo de refuerzo de la conducta en sí mismo es lo que crea la adicción, y porque a un chico de 16 años no le puedes dejar sin móvil porque le aislas socialmente –reconoce Molinero–, pero hay alternativas». La clave, indica esta experta, está en el control. «No hay una respuesta única, depende del niño y de la situación, pero se le pueden ofrecer alternativas que no excluyan totalmente la tecnología. Lo que no se le puede pedir es que lo saque de su vida y someterle al ostracismo tecnológico, porque lo va a entender como un castigo y porque a estas edades lo primero es la pertenencia al círculo. Por ejemplo: podemos sugerirle que haga una foto, y después guarde el móvil en un cajón, o lo deje durante un buen rato. Es decir, que aprenda que hay momentos para estar en familia, con los amigos…».

Otra cosa muy importante, recuerda Molinero, es que las normas son las mismas para todos. «Mientras se come, todo el mundo (padres e hijos) prescindimos del móvil. Y si nos llaman, nadie lo coge. Lo que no podemos exigirles es que ellos no atiendan a una llamada pero nosotros sí podemos tenerlo en la mano y contestamos porque es del trabajo. Es absolutamente recomendable predicar con el ejemplo».

La prevención empieza de pequeños
El problema está, concluye esta psicóloga, «precisamente ahí, en cómo hemos enseñado a nuestros hijos a usarlo cuando estos eran pequeños». «Con demasiada frecuencia lo utilizamos como recurso de distracción cuando el niño no quiere comer, o cuando no le quiero atender porque estoy manteniendo una conversación con un adulto… etc. Es decir, lo utilizamos como recurso cuando nos molestan, no como elemento educativo. Les estamos “sacando de nuestra vida mientras priorizamos otras cosas”».

Esto es un gran error, indica la experta de Nascia, «porque el recurso del móvil es tan alto que luego cuando son adultos no son capaces de fijar su atención en un dibujo impreso, por ejemplo, porque la estimulación que reciben es muchísimo menor. Solo buscan aquello que es capaz de abstraerles. Por eso es muy importante que
tengamos cuidado de cómo y cuándo enseñamos a utilizar los dispositivos electrónicos
durante los primeros años».

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