Solo hay cinco estudiantes españoles en la Universidad de Stanford, y una de ellos es Alejandra Mazo González-Chorén, una madrileña cuya impecable trayectoria escolar en su colegio de Madrid le ha permitido optar por una ingeniería. Sus medias en el colegio Nuestra Señora Santa María fueron de 10 en todos los cursos, y su nota en selectividad de 13,4. «Estuve siempre en el mismo colegio, donde me sentía como en casa, y creo que eso lo hizo todo más fácil», asegura esta joven, que asegura que es una chica «normal» de su edad.

«No es falsa modestia —insiste—. Soy una persona corriente. De hecho, mi capacidad de concentración es bajísima durante largos periodos de tiempo, y necesito dividir el estudio de poquito en poquito». «En el colegio, si tenía tres horas para estudiar, en lugar de sentarme los 120 minutos seguidos sin moverme de la mesa, cada 45 minutos daba un paseo o hacía otra cosa que no tuviera nada que ver con el estudio, como pintar, escuchar música… para poder luego recuperar la concentración. Nadie me enseñó esta técnica, simplemente me di cuenta de que iba a tirar tres horas a la basura si no me levanta de la silla», explica.

Aunque, advierte esta joven, «también pienso que no hay una única forma de estudiar ni un único método útil para todos. Hay gente que puede estar sentada cinco horas seguidas, pero no es mi caso». En cambio, reconoce, «le doy mucha importancia a la organización, a hacerme planillas, que de alguna forma me ayuden a estructurar la mente y a priorizar».

Pese a que Alejandra no contaba con un deporte que la ayudara a conseguir una beca para estudiar en Estados Unidos, optó por contar con la ayuda y el asesoramiento de AGM Sports para llegar a la Universidad de Stanford. Una vez allí, se dio cuenta de que las notas no son todo. «En las entrevistas de acceso, tienes que mostrar tu personalidad y demostrar por qué quieres estar en ese sitio y que todas las cosas que has hecho han sido canalizadas hacia conseguir tu meta». En su caso, ella realizó varias veces uno de los exámenes de acceso y fue valorada positivamente en este aspecto porque los tutores comprobaron que cada vez que hacía el examen sacaba mejor nota, prueba de su esfuerzo.

Conexión con el mundo de la empresa
Ahora que lleva dos años estudiando en Stanford University, Alejandra ha comprendido las diferencias con el sistema educativo norteamericano con el español. «Intento transmitir mucho que ninguno de los dos es perfecto, ni mucho menos, pero es verdad que la aducación anglosajona, en este caso la americana, tiene unos matices que ayudan mucho al estudiante una vez que se gradúa a entrar en el mundo laboral. Digamos que en España el nivel de los estudios, de los profesores, en las ingenierías es brutal, muy alto, no tenemos nada que envidiar a los norteamericanos, pero la Universidad no está tan conectada con el mundo laboral».

.@StanfordEng scientists have advanced a new way to store wind and solar electricity on a large scale, affordably and at room temperature. https://t.co/KSXB6COLu0— Stanford University (@Stanford)

23 de julio de 2018En esta universidad, relata, «existen un montón de organizaciones para alumnos que tengan un interés X puedan hacer proyectos con empresas de verdad. Nosotros en concreto desde el departamento de marketing hemos colaborado con Twitter, con Facebook, y con un montón más… En definitiva, el mundo universitario está conectado con la empresa, desde primero de carrera, a través de un montón de proyectos, de prácticas… etcétera». Ella, además, trabaja para el campus como «tutora de Física» para alumnos nuevos de primer curso, y eso, reconoce, «está muy bien remunerado, mientras que para los recién llegados es gratis».

Para Alejandra no se trata tanto de estudiar o de tener aptitud, sino básicamente «de colaborar entre compañeros y de tener la iniciativa de aprovechar todas las oportunidades que ofrece la universidad sin acomodarse en la rutina».

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