El sociólogo y ensayista Luigi Zoja es el autor de uno de los libros de referencia internacional sobre la figura del padre, «El gesto de Héctor», donde se ocupa de los orígenes y la evolución, hasta nuestros días, de la figura del padre desde un punto de vista histórico, antropológico y psicológico, y llega a una preocupante conclusión: «la ausencia del padre» en la sociedad occidental.

Para llegar hasta ese punto Zoja recorre el papel de esta figura desde la Prehistoria, hasta la antigua Grecia, el Imperio Romano, el Cristianismo, la Ilustración o la Revolución Industrial… pero este ensayo no es solo una «Historia de la paternidad», sino también una interpretación psicoanalítica del papel que ha desempeñado el padre a lo largo de nuestra evolución cultural.

Entre las numerosas tesis que Zoja defiende en «El gesto de Héctor», quizás habría que destacar la defensa de la idea de que los hombres, para convertirse en padres, han tenido que dotarse a sí mismos de normas, «dado que no parece que la aceptación de un hijo esté en su naturaleza, como se demuestra analizando el comportamiento de otros mamíferos. En los seres masculinos los instintos son muy sencillos, y tienen que aprender a cuidar mucho más que las mujeres. Pero es algo aprendido, y cuando se aprende, puede ser un gran placer para todos, tanto hijos como padres».

La realidad, asegura, es que «materialmente, los padres se encuentran cada vez menos presentes. Simbólicamente, sus funciones rituales —elevación, bendición, iniciación del hijo—, han dejado de ejercerse. Las madres pueden llenar el primer vacío (de alimentación, cuidados físicos…), pero muy difícilmente el segundo, el de contención del adolescente, por ejemplo. Esto atañe más a la desaparición general de los ritos que a su distribución entre hombres y mujeres. No podemos contar de forma indefinida con las madres para sustituir a los padres. En el fondo, ya lo han hecho siempre cuando el padre estaba en la guerra o de viaje. Antes, cuando esto sucedía, el hombre depositaba en casa un recuerdo que duraba, un lecho excavado en el árbol, un mito de Ulises… Pero quedaba la presencia psíquica».

Hoy, en contraposición, añade, «el consumo y la jornada laboral han ganado, y el proyecto y el tiempo se han perdido. Más incluso que el padre físico, falta el espíritu paterno. Porque lo que te hace padre es educar a los niños participando en su desarrollo y su crecimiento. Esto tiene que ver, sobre todo, con la modernización». En esta línea, Zoja constata que «ser padre no se encuentra al alcance de cualquiera» pero que no hay «consejos básicos». «Ha de ser buscado por quien lo desea; y quien desea serlo debe comprometerse con una búsqueda. Si no es así, los hijos vuelven a convertirse en algo que solo afecta a las mujeres».

En esa «búsqueda del padre», que él denomina, «como en todo el proceso de identificación, resulta necesaria la franqueza con uno mismo. Pero el ideal debería fomentar el desarrollo, la diferenciación, y la autonomía de los hijos», supone Zoja. Aunque este autor evita dar consejos porque, como psicoanalista, no dispone de un tratamiento estándar. No propone al «paciente», en este caso lector, una solución ideal ya dada, sino una búsqueda en su proceso de ser padre.

Y eso no es algo que se «encuentre de inmediato, a golpe de clic, como todo el mundo espera en la actualidad», puntualiza. Como este escritor asegura, «no podemos buscar al padre con la psicología de quien mira a la vuelta de al esquina, como tanta literatura en la que todo parece estar al alcance de la mano o a golpe de clic en diez pasos para conseguir ser tal o cual. Nuestro inconsciente no elimina en unas pocas generaciones aquello que durante milenios lo ha dominado. Pero es un comportamiento aprendido. Por este motivo, y aunque existen evidentes factores de preocupación en la sociedad occidental, también hay esperanza», concluye.

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